dimarts, 5 de juliol de 2011

Vicente Blanco Spirit (!!!DALE ZAGAL!!!)

 En 1910, Vicente Blanco, conocido con el sobrenombre de El Cojo, se emponzoñó con el virus del Tour. En aquella época, sólo los héroes y los locos creían en una carrera que se disputaba por carreteras polvorientas e infernales llenas de baches y agujeros. Una carrera en la que los ciclistas debían enfrentarse al hambre, a la sed, a la noche, al ataque de aficionados cerriles y a enfermedades de todo tipo. El Cojo tenía tanto de héroe como de loco y conocía mejor que nadie el verdadero significado de la palabra sufrimiento. De hecho, en la época era conocido como “el hombre que reunía en su cuerpo, él solo, más cicatrices que todos los toreros de España juntos”. A los veinte años comenzó a trabajar en una fábrica de siderurgia donde sufrió varios accidentes que estuvieron a punto de dejarle inválido. Para recuperarse de sus heridas, compró una bici oxidada a la que pintó de bermellón y le colocó, como neumáticos, dos gruesas sogas de amarrar barcos. Con la gracia y la osadía que le caracterizaban se presentó en la sede de la Federación Atlética Vizcaína y expresó su deseo de convertirse en “campeón”, empezando una carrera caracterizada por múltiples triunfos y un sinfín de anécdotas (en su primera carrera casi acaba en la cárcel: al llegar allí y ver a todos los ciclistas ataviados con pantalones cortos, El Cojo no se lo pensó dos veces y se quedó en calzoncillos). Pronto ganó dos campeonatos de España y se obsesionó con acudir al Tour de Francia.En 1910, con 26 años, consiguió una carta de presentación para Desgrange, el patrón de la carrera, y se dirigió a París. Como no tenía otro transporte más que su bicicleta, se subió a ella y con algo de comida, unas pocas monedas y ningún repuesto, hizo un viaje eterno y agotador. Cuando le fallaba la goma de la bici, la tiraba y continuaba el camino sobre la llanta. Por fin, llegó a la capital francesa el 2 de julio, un día antes de la salida. Se dirigió a la Maison Alcyon y contactó con un mecánico español que le consiguió una bicicleta y le acompañó hasta la redacción del periódico L’Auto, organizador de la carrera, para inscribirse en la categoría de “isolés”. El Tour se ponía en marcha desde París camino de Roubaix, el infierno del Norte, por una carretera que era enteramente de pavés. Y allí terminó su aventura. Abandonó en esa primera etapa, enfermo, hambriento y desfallecido. La hazaña estaba más que cumplida. De hecho, nunca una participación tan corta fue tan importante y recordada. La enfermedad del Tour de Francia había traspasado los Pirineos.
(Texto Fotolog: Vicente Blanco Spirit)

1 comentari:

  1. Despres de aquest reportatge , podrias ferne un del primer catalá que acabá el Tour Si necesites dades ja saps hon trovarles.

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